martes, 25 de septiembre de 2018

315. Millonarios detrás de una pelota

 

Vivimos en un mundo difícil. Y esa es una realidad. Nadie puede negarlo. Llevar el sustento al hogar es cada día más complicado. Lo sé por experiencia propia. Uno se saca la mugre de sol a sol con tal de llevar el pan a la mesa, y aun así, mi esposa debe trabajar a medio tiempo porque con mi sueldo no alcanzamos a cubrir todos nuestros gastos.

Esa es la realidad de muchas familias, no solamente en Chile, sino en todo el mundo. Y la mayoría de ellos trabajan extenuantes jornadas laborales por un miserable sueldo. Sin embargo, en este planeta existe un selecto grupo de personas que por ir detrás de una pelota, reciben millones y millones de dólares al mes. Y si lo comparamos con los esfuerzos que hacemos nosotros por ganar el sustento, entonces concluimos que la vida es terrible, pero terriblemente injusta.

Futbolistas que ganan millones de dólares

Es de conocimiento público que los futbolistas ganan millones de dólares. Es verdad que se esfuerzan por llegar a lo más alto en sus carreras. Y eso no es fácil... pero... díganme, ¿quién de ustedes, después de esforzarse durante un par de años, llega a ganar tanto dinero, que pueden jubilarse a los 35 ó 40 años, y después vivir tranquilamente con el dinero ganado? Pues eso justamente es lo que hacen los futbolistas.


Para entender esto, les pondré el ejemplo de Cristiano Ronaldo. Nadie puede negar que es un extraordinario jugador. Sus increíbles jugadas son el deleite de quienes disfrutan el fútbol. Pero, ¿son tan impresionantes para el sueldo que gana? Veamos.

Según el sitio web El Espectador, Cristiano Ronaldo, cuando se cambió del Real Madrid a la Juventus, su sueldo quedó en increíbles 30 millones de euros por año. Eso quiere decir que gana 2.5 millones de euros por mes. A la tasa de cambio del 17 de septiembre, él estaría ganando al mes en pesos chilenos... la no despreciable suma de $2.005.751.212 (se los escribo: Dos mil cinco millones, setecientos cincuenta y un mil, doscientos doce pesos mensuales). Para que se hagan una idea de toda esta locura, el ganaría por día $66.858.373 (sesenta y seis millones ochocientos cincuenta y ocho mil trescientos setenta y tres pesos), por hora $2.785.765 (dos millones, setencientos ochenta y cinco mil, setencientos sesenta y cinco pesos)...


¿Saben cuánto gana por segundo? $773. Eso gana por segundo. Hagamos el ejercicio con alguien que gana el sueldo mínimo en Chile. Es de $276.000. Al segundo se ganaría escuálidos 10 centavos de peso. ¡Increíble! Alguien que gana el sueldo mínimo necesitaría aproximadamente 10 meses para ganar recién lo que este futbolista gana en solo 1 hora. ¿Tiene sentido eso?

Y eso que no hemos hablado de Lionel Messi, ya que su sueldo es de 40 millones de euros... hagan ustedes sus cálculos y sorpréndanse.

Reciben autos de lujos

Como si no ganaran lo suficiente para mantenerse a él y a su familia (con sus sueldos podrían mantener ciudades enteras o incluso países pequeños), algunos clubes de fútbol les regalan autos de lujo a sus nuevos jugadores. Es el caso de Arturo Vidal. Según el portal de noticias AhoraNoticias, Arturo Vidal recibió un auto de lujo al llegar al Barcelona este año. ¿Saben cuánto costó el auto? El equivalente a $46.000.000. Como si Vidal no tuviera cómo pagarlo.

Siguiendo con las comparaciones, alguien que gana el sueldo mínimo en Chile necesitaría 166 meses (o el equivalente a casi 14 años) para poder comprarse ese auto, siempre y cuando no tuviera ningún otro gasto que hacer en esos 14 años, cosa que es imposible.

No es de picado: es la injusticia del sistema 

No faltará el que diga que estoy picado porque ellos, con mucho menos esfuerzo que yo o cualquier mortal que se saca la mugre trabajando, obtiene como sueldo millones y millones de dólares o euros. En realidad, no estoy picado. Pero de que es injusto, lo es. Yo soy feliz con mi trabajo y con lo que gano. Muchos futbolistas, y no solamente ellos, sino que también músicos, cantantes, etc., ganan millonadas y no encuentran la verdadera felicidad. Una cosa es clara: la felicidad no depende de la cantidad de dinero que tengas.

Hay muchas personas que son felices, y están forradas de dinero. Hay gente que tiene mucho dinero y es desdichada. Y también hay gente feliz que no tiene un dineral. ¿Dónde está la diferencia entre ser feliz o no? La actitud y el valor que le demos al dinero. Podrás tener mucho dinero, pero si no te sientes realizado con lo que haces, entonces de nada sirve tener millones en el banco.


Para ser feliz, haz lo que te guste. Sal, pasea, viaja, ríe, disfruta con tu familia. Ayuda a tu prójimo, acércate a Dios, trabaja en lo que te fascina. Ama sin medida y sin rencor. Perdona cuantas veces sea necesario y olvídate de lo que te hace daño. Si logras encontrarle un real sentido a tu vida, entonces al final del camino sentirás que, independiente de si tuviste mucho o poco dinero, realmente pudiste ser feliz. Y eso es... realmente impagable. ¡Hasta un siguiente artículo!
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lunes, 17 de septiembre de 2018

314. Al concierto de 31 minutos


Cuando era niño, teniendo unos 12 años, me gustaba una serie de televisión que daban en TVN. Su nombre: 31 minutos. Lo particular de esta serie es que sus protagonistas no eran seres humanos, ni dibujos animados. Todos eran títeres. Estos personajes trabajaban en un canal de televisión, específicamente en un noticiero, llamado justamente 31 minutos, y que le da el nombre a la serie.

Me entretenía mucho con sus historias y las payasadas que pasaban. También me hacían pensar cuando daban la "Nota Verde" de Juan Carlos Bodoque. Y el ranking de canciones (tres por semana) era sencillamente genial.

Conforme fue pasando el tiempo, fui creciendo y quedaron lindos recuerdos de esta serie. Claro, seguían dándolo, tanto por la televisión pública como por la de pago. Pero los quehaceres y mis responsabilidades no me dejaban mucho tiempo para verlos.

A principios de agosto, mediante el instagram de 31 minutos, me entero que están haciendo un tour por el país, llamado "Tremendo Tulio Tour", y que el 18 de agosto se presentarían en Concepción, ciudad donde vivo. Era una linda oportunidad de volver a recordar mis tiempos de niñez, donde disfrutaba de esta serie, sin tantas preocupaciones fuera de las escolares.

Le comenté a mi esposa y le entusiasmó la idea, así que compramos 2 entradas e hicimos los arreglos para poder ir ese día sábado al concierto de 31 minutos. Y esto fue lo que sucedió.

Llegando al Gimnasio

Fila para ingresar al Gimnasio
El concierto estaba programado para las 19 horas del sábado 18 de agosto en el Gimnasio Municipal de Concepción. Intuía que se llenaría, no solamente de niños, sino de muchos que, como yo, querían recordar su infancia. Así que, luego de hacer algunas compras, llegamos al Gimnasio a eso de las 5 y media de la tarde. Éramos como los sextos de la fila de vehículos para entrar al estacionamiento. En eso, conforme fueron pasando los minutos, la fila de vehículos creció desproporcionalmente, y mucha gente comenzó a llegar a pie. Los carabineros comenzaron a hacernos rodear el Gimnasio en auto para que la fila avanzara sin hacer taco en la carretera. La cosa es que, finalmente, a las 6 y cuarto de la tarde, logramos estacionarnos dentro del gimnasio.

Hacíamos la fila para ingresar cuando, de pronto, un joven nos saluda y nos pide posar para unas fotos. Yo, creyendo que serían para algún diario o algo por el estilo, posé junto a mi esposa. Luego de sacarnos las fotos, nos dice: "A la salida estarán las fotos listas por si se las quieren llevar". Dicho esto, se fue a sacar más fotos. 

Ah, es como lo que hacen cuando hay licenciaturas. Te sacan fotos y luego están todas las de tus compañeros y la tuya afuera del local donde te licenciaste para que tus padres te las compren. ¡Vaya!

Luego de pasar por el control de entrada, donde revisaron nuestros tickets, llegamos al control de los guardias por si llevamos objetos contundentes. Yo pasé sin problemas. A mi esposa le botaron un encendedor... ya saben, por si pensaba usarlo como proyectil y tirárselo a los títeres si no le gustaba el show.
Esperando el concierto

El concierto

Al entrar al gimnasio aun no se llenaba. Encontramos un par de asientos y esperamos pacientemente mientras sacábamos fotos y grabábamos vídeos. Eran las 19:20 horas y el concierto no comenzaba. La gente - muy impaciente - estaba pifiando a mares (qué ejemplo para sus hijos sobre la paciencia y el autocontrol), ya que veinte minutos era mucho tiempo (?). En eso, por fin, aparecen en escena los músicos y comienza el espectáculo. Todos gritaban, y mi esposa y yo estábamos emocionados.


Gimnasio repleto de niños y adultos
Mientras contaban una historia muy chistosa, aparecían la mayoría de los personajes (Tulio, Juanín, Bodoque, Patana, Mario Hugo... aunque eché de menos a Balón Von Bola y a Mr. Guantecillo). Entre medio de la historia cantaban. Y bueno... el gimnasio repleto coreaba sus canciones, aunque yo no cachaba mucho las más nuevas, pero las canciones antiguas como Mi muñeca me habló, o Equilibrio espiritual me las canté de principio a fin.

Foto que nos sacaron en el concierto, hermosamente enmarcado :D

El concierto duró 1 hora y media. Valió totalmente la pena cada minuto y cada peso invertido en ir a escucharlos. A la salida, estaban las fotos que nos tomaron, así que las compramos y las llevamos de recuerdo. A continuación, les dejaré un par de canciones de las que tocaron ese día. La calidad de la grabación no es la mejor, ya que estábamos al otro lado del escenario, y mi cámara del celular no graba muy bien de lejos y de noche, pero se oye perfectamente. Una canción es Bailen sin Cesar, y la otra es Mi muñeca me habló. Disfrútenlo. ¡Hasta un siguiente artículo!


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domingo, 9 de septiembre de 2018

313. La regla de oro


La vida de casados es muy, pero muy distinta a la vida que tenía cuando vivía con mis padres. Una de las cosas que cambia radicalmente es que debes preocuparte por llevar el sustento a tu casa y, por ende, comprar las cosas por tu propia cuenta para comer y subsistir. Antes no me preocupaba de eso, puesto que mis padres compraban las cosas. La realidad hoy es que Carla y yo debemos apartar tiempo, una vez cada dos meses, para ir al supermercado a hacer el pedido de comida e insumos.

Una situación que sucedió en una de esas idas al supermercado me recuerda que la vida pasa, y tarde o temprano envejecemos. Y qué ciertas son las palabras de la famosa "regla de oro". Veamos de qué se trata todo esto.

Hace más menos unos seis meses, estábamos con mi esposa comprando en un supermercado mayorista (ya saben... compramos cosas al por mayor, por eso vamos cada dos meses. A la larga sale más rendidor) comprando las cosas para la casa. En eso estábamos cuando, de pronto, me fijé en una señora de la tercera edad que andaba comprando algunas cositas también. Intentaba alcanzar una caja de un producto que no recuerdo, que estaba muy alto para su estatura. Lo intentó varias veces, en vano, hasta que se rindió.

Ninguno de los otros clientes la ayudó, salvo un chico que gentilmente le sacó la caja y se la pasó. La abuelita se alegró mucho, le agradeció y siguió su recorrido. Yo quedé muy feliz, y se lo comenté a mi esposa. Ella me dice: "Por lo menos queda gente que ayuda a los demás".

Este es un fleje. Es el papel donde está escrito
el precio de un producto. En un supermercado
mayorista, aparecen 3 precios: por lo general el valor al
llevar 1, 3 y 6 unidades. 
Seguimos con el recorrido por el supermercado cuando nuevamente nos pillamos con la señora, esta vez buscando entre medio de unos paquetes de pañuelos desechables. Como nosotros también necesitábamos ese producto, nos acercamos a ver los precios. Carla, mi esposa, al ver tan acongojada a la señora, atinó a ayudarla. La abuelita le decía: "Es que hay tantos precios y no entiendo nada".

Claro, porque los precios en los supermercados mayoristas son distintos a los normales en los supermercados convencionales. Porque la gracia de un supermercado mayorista es que, mientras más compras, más barato te sale por unidad (véase la foto de apoyo). Entonces la señora se confundía al ver tantos precios juntos.

Mi esposa la ayudó unos segundos, a lo cual la abuelita le agradeció y, sacando un paquete de pañuelos, continuó su camino a la sección de panadería. Nosotros continuamos por otro lado pero, curiosamente, nos pillamos una tercera vez con ella. En ese supermercado (como en muchos otros) no tienen un trabajador para pesar el pan o las frutas y verduras, ya que ahora es un "autoservicio" (con la excusa de que con eso tienen precios más bajos, aunque lo más probable es que es sólo para abaratar costos para los empresarios al prescindir de un trabajador). La cosa es que la abuela intentaba pesar su pan, pero es comprensible que no sepa cómo usar una balanza electrónica.

Estaba a punto de ir a ayudarla cuando un trabajador, que estaba en un montacarga, se me adelantó y la ayudó a pesar el pan. Agradecida, se fue a pagar.

Esta experiencia me muestra que aun hay gente buena. Muchos me alegan que en mi blog sólo hablo de desgracias y tragedias. Y es que no puedo hacerme el ciego frente a la maldad de la humanidad. Pero tampoco puedo hacerme el leso frente a estas cosas buenas. Aun hay fe en la humanidad... o por lo menos, aun hay fe en algunas personas que siguen actuando con altruismo.

Todos llegaremos a viejos algún día. Por lo tanto,
debemos ser altruistas con quienes necesitan nuestra ayuda.
¿Y qué tiene que ver la regla de oro en todo esto? Primero que todo, ¿conoces la regla de oro? Son unas palabras de Jesús que dijo cuando vivió en la tierra. Por favor, independiente si eres creyente o no, seguramente te interesará leer estas palabras: "Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos" (Mateo 7:12, RV1995). Es muy distinto a lo que muchos dicen con respecto a la regla de oro, a saber: "No le hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti". ¿Por qué es distinto?

Porque las palabras de Jesús incitan a la acción, a que TRATES a los demás como A TÍ te gustaría que te trataran. No es que me quede quieto sin hacer nada para que nadie me haga algo a mí. Yo tengo que hacer cosas por el prójimo, pensando en que así me gustaría que me trataran a mi. Como quiero que me traten bien, yo trato bien a los demás. Como quiero que me hagan cosas buenas por la vida, yo ayudo a los demás por la vida. Esa es la verdadera regla de oro.

El tiempo pasa: todos seremos viejos algún día. Y si tengo problemas para leer un precio, o para pesar el pan, esperaré que alguien me ayude. Pero la gracia está en que no ayudemos a los demás sólo por interés, esperando que nos ayuden a nosotros cuando pidamos ayuda. Las acciones que hagamos por el prójimo deben ser motivados por un amor genuino. Si la gente tan sólo aplicara estas palabras de Jesús... créanme: la mayoría de los problemas de la humanidad se acabarían.

Hagan la prueba: apliquen esta regla de oro, y verán que se siente muy bien hacer el bien a los demás, y entonces, encontrarán la verdadera felicidad. Hasta un siguente artículo.

lunes, 3 de septiembre de 2018

312. Vergüenza

 

Debo reconocer algo: la tierra es un bello planeta. Gracias a mi padre pude conocer buena parte de Chile y del vecino país de Argentina (algunos lugares los han visto en la sección Viajando con Panchito). Y ahora, estando casado, he querido imitar a mi padre, saliendo de vacaciones a lugares hermosos junto a mi esposa. Realmente, la creación es hermosa.

Pero, no es necesario ir muy lejos de donde uno vive para ver paisajes bonitos. Acá cerca de Concepción tenemos Lenga, Tomé, Dichato, la Provincia de Arauco, entre muchos otros lugares. Sin embargo, la mano del hombre muchas veces arruina esos lugares. Y hace un tiempo, cuando estaba andando en bicicleta conociendo un lugar que nunca había visto en mi vida (y que queda cerca de Concepción), sencillamente me dio vergüenza ser humano.

Playa Negra por Cosmito

Para ir de Concepción a Penco se pueden tomar tres caminos. Uno es por la carretera que une ambas ciudades por Cosmito (ruta 150). Otra es por la ruta interportuaria, donde podrás tener una hermosa vista de Penco, Lirquén y Talcahuano. Y un tercer camino, que no es muy conocido, es desviándose por Cosmito y llegar a Penco por Playa Negra, un camino de ripio de unos 6 kilómetros de extensión.

Hace un tiempo, un amigo me invitó a salir a andar en bicicleta. Yo, como tengo que bajar la trementa guata que tengo, acepté su invitación y nos juntamos en la plaza de Penco. El destino: el puente de la autopista interportuaria, por debajo, justo por donde pasa el camino de ripio que une Cosmito con Penco (véase el mapa).

Partimos, felices y con mucho ánimo, sin embargo, conforme fuimos avanzando por el camino, comencé a sentir rabia y mucha tristeza por cómo la gente utiliza el camino como un verdadero basural. Incluso, comentan por ahí, llegan autos en la noche y utilizan la soledad del sector como un verdadero motel público.

Hace unos días, decidí ir en auto nuevamente a recorrer el lugar. Y pareciera ser que nadie, absolutamente nadie, se preocupa por la porquería que se ha formado en las orillas del camino. A continuación puedes comprobar el estado de ese lugar en el siguiente vídeo:

Dejemos de contaminar

¡Qué vergüenza! ¿Qué diantres estamos haciendo con nuestro planeta? ¿Con nuestro entorno? ¿Por qué siempre el ser humano debe arruinar toda la naturaleza que toca? Sacando la basura, es un hermoso lugar. Si las autoridades se lo propusieran, podrían hacer un hermoso parque con miradores y apreciar la desembocadura del río Andalién, y otros lugares. Yo algunas veces no entiendo qué diablos tiene la gente en su cabezota.

Que este vídeo nos motiven a tener más limpio el lugar donde vivimos. Dudo mucho que este vídeo llegue al alcalde de Penco, por ejemplo. Pero nosotros perfectamente podemos ayudar a no contaminar más. Hace un tiempo hice un manual para botar basura. Échale una leída.

¡Hasta el siguiente artículo, amigos!

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