lunes, 25 de septiembre de 2017

258. Encuentro con un venezolano

Problemas económicos, sociales y desastres naturales hacen que la gente emigre buscando un futuro mejor
Foto tomada de International Crisis Group

Si eres bueno para ver noticias, sabrás que en un país de Latinoamérica, Venezuela, las cosas no andan muy bien… bueno… depende de a quien escuches, claro está. Porque si escuchas al gobierno de turno, dicen que todo va viento en popa, sin grandes problemas. Pero si le preguntas a los opositores, hablan derechamente de una dictadura.

Al margen de la política, que no me gusta ni hablo de ello, lo cierto es que la cosa no anda bien, por lo menos viendo las noticias. Una alta inflación (que produce un alza desmedida de los productos básicos y otros) y una serie de protestas que han dejado más de 100 muertos han decidido a ese país, uno de los principales productores de petróleo del mundo. Muchos pueden decir que la televisión muestra solo lo que conviene o lo que el “capitalismo” quiere que veamos. Y llegan a la conclusión de que es un engaño y no está tan mal la cosa.

No sé por que últimamente he tenido un especial interés en este asunto. Veo noticias referente a ello, busco fotos e información sobre lo que sucede allá. Pero el sábado pasado, aunque brevemente, conseguí un testimonio de primera fuente. Fue mi primer contacto cara a cara con un venezolano que se vino a vivir a Chile una vez estallada la crisis allá. ¿Cómo surgió este encuentro?

Todo sucedió hace unas semanas atrás cuando me dirigía a Concepción. Me quedaba muy poca bencina, así que pase a una gasolinera ubicado a la orilla de la carretera. Se acerca el atendedor (que acá en Chile se llaman bomberos) y me dice: “Hola bienvenido. ¿Cuanto va a cargar?”. Al escuchar su voz note en seguida que no era chileno.Lléneme el estanque porfa que me sobra la plata $5000 de 93 octanos porfa” le respondí. 

Comenzó la carga de combustible y se acercó nuevamente a preguntarme si pagaría con tarjeta o efectivo. Le respondí y luego le dije: “Disculpa joven, pero por tu voz veo que no eres chileno”. “No, soy venezolano", me respondió. Era un joven alto, de tez morena, aproximadamente unos 22 años, muy joven. Con una sonrisa amigable, me sigue hablando: “Me vine arrancando de mi país”.

Arrancando… esa palabra me quedo dando vueltas un buen rato.

“¿Y hace cuanto tiempo estas acá en Chile?” le pregunté. Me contaba que llevaba un mes acá, y que encontró pega como bombero en esa estación de servicio. Le ha ido bien, y por lo menos al el lo han tratado de maravillas. Lamentablemente, muchos extranjeros que por motivos de fuerza mayor han tenido que irse de sus países de origen buscando nuevos horizontes no han sido tratados de la mejor manera una vez llegados a Chile.

La mayoría de los inmigrantes vienen a trabajar. Foto tomada de Publimetro
Excusas como que "nos quitan los empleos" hasta que "son prostitutos, alcohólicos y venden droga" sirven para tratarlos mal. Y es total y absolutamente absurdo. Partamos de la base que la prostitución, el alcoholismo y la drogadicción existen desde antes, muchísimo antes de la llegada de los inmigrantes a Chile. Y decir que nos quitan los empleos... Ja, ¡Qué absurdo! No es que nos quiten los empleos, es que ellos vienen a trabajar, no a sacar la vuelta como muchos chilenos SI hacen en sus trabajos. Si vamos a criticar, hagámoslo con base sólida; sino, déjese de joder.

Semanas después de haberme encontrado con este venezolano, en mi trabajo tuve un pequeño encontrón con un cliente por el mismo tema. Yo estaba reponiendo bebidas cuando este cliente, al pasar por la caja de mi compañera, comienza a hablar de los inmigrantes. Mi compañera le dice que ha visto a muchos venezolanos, colombianos y haitianos en Concepción.

- Hay que tener mucho cuidado - dijo el cliente -. Todos son mano larga.

Yo me di vuelta y le pregunté:

- ¿A qué se refiere con mano larga?
- A que son experto en robar poh, si a eso vienen a Chile - me respondió descaradamente.
- Discúlpeme, pero no estoy de acuerdo con su percepción sobre los inmigrantes. Como si los chilenos no fueran buenos para robar - dije
- ¿Pero veí noticias o no? - me preguntó extrañado -. Ellos puro que roban y nadie hace nada.
- Sí veo noticias, y la mayoría de las desgracias que vivimos en este país son por culpa de gente tan chilena como nosotros dos. ¿Sabe cómo nos conocen en España y en Europa? De ladrones, expertos en robos. ¿Diría que todos los chilenos que viven en Europa son buenos para robar?
- No.
- ¿Entonces por qué echar a todos los colombianos, venezolanos y haitianos en el mismo saco porque unos pocos de ellos roban? No es justo.
- Bueno - me dijo mientras tomaba sus cosas recién compradas -, eso pienso de ellos. Hasta luego.

Dicho esto, se fue. Personas que piensan como él hacen que los inmigrantes sientan miedo de hacer sus vidas acá, como si fuera muy fácil y gracioso abandonar toda tu vida en tu país para comenzar de cero en un lugar que no conoces. Personas con esa mentalidad se echan al bolsillo la frase, de una conocida canción popular: "Y verás cómo quieren en Chile, al amigo cuando es forastero".


"Si vas para Chile..."

¿Conoces a algún inmigrante? Yo ya he visto varios desde entonces e intento ser amigable con ellos. No es fácil lo que están viviendo y no sería justo ponerles más cargas. De todos nosotros depende que ellos se sientan queridos, como en casa. No vienen a robar - al menos la gran mayoría -, vienen a trabajar. No vienen a robar empleos. Vienen a GANAR empleos. Tratémoslos como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Quizás así, podamos hacer un mundo mejor para todos. ¡Saludos amigos míos!

domingo, 17 de septiembre de 2017

257. Gracias

Donde Panchito

¡Hola queridos amigos! En este artículo quiero simplemente decirles... ¡Gracias! Agradecer vuestro apoyo y lealtad durante estos 11 años de vida de Donde Panchito. El vídeo que les mostraré a continuación fue publicado en el Facebook de mi blog el pasado 11 de septiembre del año en curso. Que lo disfruten y no dejen de visitar mi blog.


sábado, 9 de septiembre de 2017

256. ¡Cállense que quiero dormir!

Estamos ya en septiembre. Este mes es el inicio de la primavera acá en el hemisferio sur. Y continuamos con esta temporada que ha estado muy movida en cuanto a artículos se refiere. En esta ocasión quiero contarles algo que, personalmente, me es muy desagradable, porque raya en la falta de respeto hacia los demás. Déjenme contarles.

¿Les ha pasado alguna vez que intentan concentrarse en casa, o quizá quieren dormir, pero no pueden por el boche que mete el vecino? Varias veces me ha pasado, y me es muy molesto. Claro está, el vecino puede que ni se entere que mete mucho boche, pero lo hace. Cuando vivía con mis padres, cerca de casa habían unos vecinos bien bochincheros, y que les gustaba hacer fiestas en su casa de vez en cuando. El ruido de la música se escuchaba a varios metros de distancia, aunque no me afectaba mucho puesto que no era mi vecino de al lado, sino de la cuadra siguiente.

Así se ve desde un mirador cercano a mi casa

Pero todo cambió una vez casado. Nos mudamos junto con mi esposa a una población de clase media ubicada entre Penco y Lirquén. Y para desdicha de mi, los vecinos de arriba (vivo en una calle de subida) son fiesteros. ¿Dónde está el límite entre tu derecho de disfrutar de una fiesta con tus cercanos, y el derecho del vecino a dormir en paz? Es una línea muy delgada y que es muy fácil de sobrepasar.

Pongamos dos ejemplos sencillos. Donde vivo, al lado, hay un perro. Y es demasiado ladrador. Claro, se agradece porque ladra especialmente cuando anda gente extraña en la población. Pero este perro ladra todo el bendito día. Lo que es TODO EL SANTO DÍA. Y a mi (insisto, una opinión y sentimiento estrictamente personal) me desespera, en especial cuando salgo del turno de noche y lo único que quiero es dormir y sus ladridos no me dejan.

Lo sé: es un perro. No puedo controlarlo, porque no razona. Simplemente ladra basándose en su instinto. Pero el otro ejemplo ya no se trata de perros, sino de humanos que deberían tener dos dedos de frente para pensar en su prójimo a la hora de hacer fiestas. Pues estos vecinos no hacen fiestas siempre: debo reconocer que es gente tranquila. Ni siquiera para los partidos de Chile son tan bochincheros. Pero hay algunas veces en que, cuando le dan con tuti, sencillamente no puedo concentrarme porque ponen la música a todo volumen.

Yo, claro, lo aguanto. Mi esposa también. Pero hay casos en que los vecinos son personas abuelitas o con ciertas condiciones especiales. Años atrás, cuando vivía con mis padres, frente a la casa se instaló una tocata de una religión equis. Instalaron sus instrumentos en la plaza que hay allí y a eso de las 5 de la tarde comenzaron a tocar su música, claramente cristiana. Yo iba saliendo a ver a mi novia, Carla, cuando recién habíamos comenzado nuestra relación. Volví a eso de las 9 de la noche... ¡Y aun estaban allí tocando!

Pensaba que no iban a durar mucho más tiempo, pero cuando noté que eran más de las 12 de la noche seguían con el boche, ya entré a molestarme un poco. No tanto por mí, sino por la vecina de al frente, cuya casa estaba directamente al lado de la tocata, y que sabía que estaba enferma y necesitaba reposo. ¿Cuándo mis derechos me dan autorización a pasar a llevar el derecho de otros a descansar? Es imprudente meter boche cuando ya todo el mundo sólo quiere dormir.

¡Cuidado! Hay que predicar con el ejemplo. Y por eso el tema de la consideración al prójimo es un tema delicado, puesto que hay que equilibrar mi derecho a hacer lo que quiera, con el derecho del otro a hacer lo que él quiera.

¿Y por qué no llamar a la policía? ¡Vamos, amigo! Eso no soluciona el problema. Primero, es muy probable que la policía no tome en cuenta tu reclamo puesto que hay cosas más importantes en las cuales deben poner sus esfuerzos, como atrapar delincuentes. Si toman en cuenta tu llamada, irán donde el vecino que mete boche y le pedirán que le baje el volumen. Pueden pasar muchas cosas, desde que efectivamente no meta más bulla, hasta que descubra que fuiste tú quien llamó y terminen haciéndote algo. ¿Descabellado? Para nada, al fin y al cabo, si un tipo que limpia vidrios en la calle mató a un hombre porque rechazó que le limpiaran el parabrisas de su auto, perfectamente pueden hasta matarte si reclamas por ruidos molestos.

Vivimos en un mundo peligroso y con una maldad sin precedentes (sin amor por el prójimo)
Imagen tomada de soyantofagasta.cl

No es ser exagerado: ese es el mundo en el que vivo. Y debo aprender a convivir con él. Por ello, apelo al buen corazón y al ser considerado con los demás. Hay que pensar en que quizá al vecino no le gusta esa música, o el volumen muy alto. La idea es que vivamos en armonía con quienes nos rodean, y no enclaustrados en nuestros hogares. Yo, personalmente, prefiero aguantarme y mantener una buena relación con mis vecino, y predico con el ejemplo. Si hago una comilona en casa, el volumen es moderado, para no molestar. Algunas veces, las acciones hablan más que las palabras, que se las lleva el viento.

De todos depende vivir en armonía (Tomado de El Libertador)


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