viernes, 27 de julio de 2012

177. Viajando con Panchito 8: Laja

Después de casi dos meses sin escribir ni una mísera palabra en mi blog, he vuelto a las andanzas. Y qué mejor que retomar mi blog con una de mis secciones favoritas: "Viajando con Panchito". Esta vez, les mostraré la ciudad de Laja, un importante centro de celulosa en el centro sur de Chile. Veamos qué tal me va

Uffff... Pobre blog mío: abandonado por dos meses. ¡Dos meses donde no escribí nada de nada! Sin mentirles, pensé muchas veces en cerrar definitivamente este lugar, básicamente por la falta de tiempo. Con decirles que ya no soy cajero part-time (medio tiempo). Hace casi un mes, subí a supervisor de cajas, y eso conlleva más trabajo y responsabilidades. Ahora trabajo a tiempo completo, y el tiempo libre lo dedico a asuntos espirituales. En esas condiciones, creí que lo mejor y lo más sabio era concluir esta etapa de mi vida como bloguero.

Sin embargo, había algo dentro de mí que me impedía hacer clic en "borrar blog". Algo que me decía que sin escribir, se muere algo de mí. Y pues que, con mucho esfuerzo, por fin salió a flote un nuevo artículo para ustedes, mis queridos lectores si es que queda alguno, porque lo más probable es que nadie visita mi blog después de dos meses de abandono absoluto. Y, curiosamente, es la continuación de mi anterior artículo. ¿Recuerdan que les hablé de Yungay, una pequeña ciudad que visité durante el verano de este año? Pues en aquellas vacaciones - mis primeras vacaciones que tomé de manera solitaria, sin mi familia -, también visite otra ciudad, ciudad que conoceremos brevemente en mi nuevo Viajando con Panchito: nos referimos a Laja.

¿Dónde queda Laja?

Laja desde el espacio :)
Laja es una ciudad ubicada a orillas de dos importantes ríos de la Región del Biobío: el Laja y el Biobío. De hecho, en esta ciudad se unen estos dos ríos, desapareciendo el río Laja, y continuando su curso hacia el mar el río Biobío. Su población, para el censo de 2002, es de 22.450 habitantes. Su nacimiento se debe a la construcción de una estación de ferrocarriles en 1871, formándose un poblado alrededor de éste, transformándose en lo que hoy es Laja (o La Laja).

Pues basta de datos técnicos. Quiero contarles la interesante odisea para llegar a esa ciudad, porque de que fue emocionante el viaje, lo fue. Sólo que no salió tal como pensaba que iba a salir este viaje. ¿Tienes tu equipaje listo? ¿Otra vez no tienes tus maletas? ¡Por Dios! ¿Hasta cuándo tendré que repetirte que cuando leas Viajando con Panchito automáticamente debes tener tu equipaje a tu lado? Uyyyy, apúrate y cójelas, que nos vamos....

El Corto del Laja
Para llegar a Laja, desde Concepción, tenemos dos alternativas. La primera, que es la más expedita, es tomando el tren llamado coloquialmente El corto del Laja, que une las ciudades de Talcahuano, Laja y, también, Renaico, en la Región de la Araucanía. Este tren hace un hermoso recorrido bordeando el río Biobío, llegando en 1 hora y un poquito más a Laja. La otra alternativa es yéndose por la Ruta de la Madera, hacia el sur. Pasando Nacimiento, doblar a la izquierda hacia el este, yendo a Los Ángeles. Luego doblar nuevamente a la izquierda hacia el norte y, pasando Santa Fe, llegamos a Laja. No sé cuánto se demora el recorrido, puesto que nunca lo he hecho.

Mi interesante viaje a Laja

Buses Gupa, trayecto Yungay - Los Ángeles (gentileza de Chilebuses.cl)
Entonces, ¿cómo llegue a Laja? Pues estaba en mis vacaciones en Yungay. Un día lunes, junto con un amigo, decidimos ir a Laja a ver unas amistades. Nos habían informado que salía un bus hacia Los Ángeles, al sur, a las 8 de la mañana. Así que nos acostamos temprano y, al otro día, nos fuimos al terminal de buses. Pero, ¡oh! A una cuadra de la calle principal, vimos al bus (empresa Gupa) yéndose. Eran un cuarto para las ocho.

Esperando el bus de las 11
Esperamos benditas y eternas tres horas, hasta las 11 de la mañana, para abordar el siguiente bus. Partimos con el pie izquierdo nuestro grandioso viaje. Pero aun nos esperaban más sorpresas...

Al las doce del día con treinta minutos llegamos a la ciudad de Los Ángeles. De ahí, debíamos ir al terminal de buses urbanos para abordar un bus con destino a Laja. Conseguimos uno para las 12:45pm. El bus iba atestado de personas y, por muy vergonzoso que sea contarlo, viajé todo el trayecto al lado de una señora que, al ir parada, no necesariamente me iba mostrando su mejor cara :S

¡Ups!
A las 2 de la tarde llegamos al terminal de Laja. De allí, hacia la derecha, en 2 cuadras, llegamos a la Plaza de Armas. La calle que ves, ancha y espaciosa, es la avenida principal de Laja: Balmaceda. Allí se encuentra todo el comercio.

Calle Balmaceda (tomado de wikipedia)
La plaza de Laja
Su economía depende, en gran parte, de la celulosa que se encuentra en la salida sur de la ciudad (la verás al entrar a Laja si tomas la segunda opción que te mencioné). Esta celulosa fue el causante de una gran explosión de su población a mitades del siglo XX, de unos 2.000 habitantes a más de 20.000 en poco tiempo. En el verano, la celulosa organizaba, junto con el Rotary Club, el festival de la canción de Laja, donde por lo general venían algunos artistas que actuaban en el Festival de Viña del Mar. Actualmente ese festival no existe. En menor medida, también se vive del comercio y la agricultura.

La plaza es hermosa. Sólo tiene mucho tránsito por uno de sus lados, por lo que es una plaza muy tranquila para descansar y tomar sombra, especialmente si hay 38 grados como ese día. Allí llegó una amiga a buscarnos y subimos un cerro, donde vivían los tíos de ella. Allí almorzamos.

Lamentablemente, por culpa de la celulosa, los habitantes de la ciudad se han quejado constantemente de los malos olores. De hecho, te sugiero que, si vas a Laja, lleves una buena cantidad de perros para colgar ropa. Te lo aseguro: apenas sientas el olor de la industria, querrás ponerte un perro en la nariz XD

El puente ferroviario, el 2007, durante
un paseo que di con mi curso electivo 
Otros lugares que, por tiempo, no pude visitar son el puente ferroviario que une Laja con San Rosendo, las lagunas "La Señoraza" y "Negra", y la confluencia de los ríos Biobío y Laja, cerca del puente anteriormente mencionado.

A las 6.15 de la tarde comenzamos el viaje de vuelta. Regresábamos justito a la hora, puesto que a las 7 llegaríamos a Los Ángeles y, a esa misma hora, salía el último bus con destino a Yungay. El bus se atrasó puesto que se encontró con un accidente en la carretera y llegamos atrasados obvio, si venía atrasado llegamos atrasados ¡No me digas! Como era de suponerse, el bus se había ido y quedamos botados en Los Ángeles, y la noche se nos venía encima.

El bus tirado en la calle
Decidimos, con mi amigo, tomar un bus hasta Huépil (que queda a 13 kilómetros de Yungay) y ahí decidir qué hacer. Pero, justo ese bus que íbamos a tomar, estaban empujándolo, puesto que estaba con desperfectos mecánicos. Finalmente, el bus partió, nos subimos y comenzamos el recorrido de regreso a Yungay, salvo por un pequeñísimo detalle. Al poco andar el bus quedó en pana y nunca más se movió. Eran las 7.15 de la tarde.

Sufriendo porque el bus no partía
El bus estuvo en esas condiciones una hora, hora en la cual con mi amigo estuvimos leseando y conversando con dos pasajeras del bus, que estaban inmediatamente detrás de nosotros. Sacamos fotos y nos reímos. Pero la hora pasaba y el bus, el bendito bus, estaba detenido, y sin señales de que los maravillosos e intrépidos mecánicos altamente preparados para este tipo de emergencias, lograran solucionar el problema.

Cuando ya estaba a punto de tomar un bidón con bencina, rociar el bus y quemarlo con todos nosotros en el interior volverme loco, el bus partió y nos fuimos a las 8.30 de Los Ángeles rumbo a Huépil. Al llegar, nos bajamos y, como no habían más buses, comenzamos a caminar por la carretera para recorrer los 13 kilómetros que quedaban. Eran casi las 10 de la noche y el sol ya se había ocultado. 

Caminando por la noche 
Pronto sería de noche y la idea de caminar solos por la carretera me daba un poco de cosa ya que podía aparecer un ovni y raptarme hacia una dimensión extraña donde extraterrestres me harían su esclavo para sus inicuos proyectos de conquista de la tierra. Sin embargo, con el transcurso de los minutos encontré genial caminar tranquilamente por en medio del campo. Como casi ni pasaban vehículos, sólo escuchaba el canto de los grillos. ¡Espectacular!

Finalmente, luego de un poco más de una hora de caminata, una camioneta nos llevó gentilmente a Yungay. Llegamos a las 11.30 de la noche. ¡Qué viaje tan loco! Uno de los Viajando con Panchito más extremos que he tenido, por no decir el más extremo. En una siguiente edición, veremos lo que significa quedar botado en medio de la patagonia en la noche, sin bencina y sin un mapa. ¡Hasta entonces!

Hice dedo, pero nadie me pescó :(
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