278. La Olimpiada: Capítulo 1

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La olimpiada
Luchando por la vida

Un delincuente en Atenas,
y un emperador
que lo obliga a ir a las Olimpiadas
para que logre salvar su vida...
¿Podrá, finalmente, escabullirse
de las garras de la muerte?


– Capítulo 01 –

Corría el año 450 a. de C.. En la ciudad de Atenas, capital del Imperio Griego, corrían vientos de violencia. Trifulcas y peleas de suma gravedad. El causante: Constantine, uno de los delincuentes más buscados de la ciudad. Robaba cuanto y cuando podía. Era temido por los soldados griegos e incluso por el mismísimo Senado. Por eso, el emperador Alejandro quería que se pudriera en la cárcel. 

“Con que robe una o dos veces más – pensaba Constantine –, tendré lo suficiente como para escapar de este asqueroso imperio y no volver jamás. Con todo lo que he hecho, ya fue suficiente venganza”. 

“Si logro apresarlo y matarlo – pensaba Alejandro –, seré reconocido como héroe, y los dioses y el pueblo me honrarán por el resto de la historia. Y nunca más se sabrá de este fulano”. 

Un día, los soldados griegos logran dar con el paradero de Constantine, luego de que unos informantes indicaran que andaba en las andanzas nuevamente, en el extremo norte de la ciudad. Un gran contingente de soldados fueron en su búsqueda, con miedo en sus corazones. Y, ¡cómo no iban a tener miedo! Constantine había matado ya a muchísima gente y nadie se atrevía a hacerle frente, ni siquiera el peor delincuente. Pero, después de una ardua lucha e, instalándole una emboscada, logran apresarlo. 

Así pues, deciden llevarlo a la presencia del emperador Alejandro, quien, a esas horas, estaba cenando en el palacio. 

- ¡Oh, su majestad! – irrumpe uno de los siervo del emperador –. 
- ¿QUIÉN OSA INTERRUMPIRME CUANDO ESTOY COMIENDO? – grita Alejandro, muy enojado –. 
- Soy yo, su siervo, señor. Lo que pasa es que... 
- ¿Y SE PUEDE SABER – grita, enojado, parándose de su trono – QUÉ DIANTRES HACES AQUÍ? 
- Es... que... – con miedo – yo, yo, yo, yo... 
- ¡Habla de una vez, ¿quieres?! 
- Atraparon a Constantine, mi señor. 
- ¿Qué? – la expresión de Alejandro cambia drásticamente de enojo a felicidad - ¿Es verdad lo que me dices, eso de que lo atraparon? 
- Sí, mi señor. Se lo juro. O sino dejo de llamarme Isidoro. 
- Pero tu nombre es Otis, no Isidoro. 
- ¿Ah sí? – se asusta –. Bueno, es que Isidoro es mi segundo nombre y... 
- – interrumpiendo – Otis, no es momento para que comiences con tus bromas. Eres mi sirviente, no mi payaso. Hazme el favor de traerme a ese inútil bueno para nada de manera inmediata. 
- Sí mi señor. 

Otis va en busca de Constantine. Cuando lo traen, entre 5 soldados, Alejandro lo mira de pies a cabeza, soltando una sonrisa burlesca. 

- Bien, bien, bien, Constantine – comienza a hablar el emperador, con una sonrisa de oreja a oreja –. Por fin te hemos atrapado maldito bastardo. Más de 100 robos, y una cantidad indeterminada de dinero robado… y para qué hablar de las decenas de muertos inocentes. Sus sangres están clamando desde el olimpo. ¿Y tú? ¿Ni siquiera muestras una pizca de arrepentimiento? 

Constantine, sentado, mirando hacia abajo y moviendo el pie de un lado para otro, no emite ninguna palabra. El emperador está atónito. 

- ¿Qué acaso estás sordo? ¡RESPONDE! 
- No – responde al fin Constantine, con una mirada desafiante e intimidante –. No lo estoy para nada. 
- No me das miedo Constantine – responde el emperador – Si yo fuera tú, pediría alguna clemencia… 
- ¿Crees que te temo, Alejandro? Más te vale que ni siquiera se te ocurra soltarme, porque tu vida se acaba aquí mismo. Eres muy valiente teniéndome amarrado y sujetado por tus soldados. Pero veamos qué tan valiente eres en un frente a frente tú y yo solos. No creas que lo he olvidado...

En un rápido movimiento, logra zafarse una mano y tomar por el cuello a Alejandro. 

- … ¡Eres un maldito cobarde Alejandro! ¡Vamos! ¡Suéltame y demuéstrame que no lo eres! ¿A qué esperas? – seguía gritando mientras no soltaba el cuello del emperador - ¡¡Aún no olvido que hayas matado a mi familia!! ¡¡Mi madre era inocente!! ¡¡Mi padre era inocente!! ¡¡Mi hermano era inocente!! Por los dioses... ¿Crees que me gusta robar y matar gente? Pero créeme que gozaré mucho cuando logre acabar contigo, y esa será la dulce venganza de la que seré honor de recibir por parte de los dioses... ¡Ya lo verás!

Los soldados finalmente lograron sujetarlo y que soltara el cuello de Alejandro. Y el emperador se decía a sí mismo: “¿Qué hago con él?” 

Al fin, luego de varios minutos de silencio, en donde pasó la tensión vivida anteriormente, Alejandro habla de manera muy nerviosa. 

- Yo... yo lo sentencio a muerte. - luego recupera su cordura y agrega - No le tendré ninguna compasión a este hombre. Tus padres eran unos mal nacidos que me hicieron la vida imposible, y tú bien sabes por qué. Serás decapitado al amanecer... a menos que a alguien se le ocurra una mejor idea. Mándenlo a prisión – luego, mirando a Constantine, dice: - Te llegó la hora de una vez. Que los dioses se apiaden de ti. 
- No no, Alejandro. Que yo me apiade de los dioses. Eso tenlo por seguro… y será mejor que te encomiendes a ellos mientras puedas, porque esto no quedará así – dicho eso, le escupe -. Y más te vale que tengas entre ceja y ceja a tu familia... ¡No te olvidarás nunca de mí, Alejandro! 

Los soldados golpean con firmeza a Constantine, pero ni se inmuta. Entre los mismos cinco soldados que lo habían llevado a ver al emperador, se va a su prisión en donde pasaría su última noche con vida. 

Una vez marchado el prisionero, Alejandro se sienta en donde estaba merendando y, tomándose la cabeza, decía: 

- ¿Qué haré con este engendro? ¿Será capaz de escaparse de la cárcel? 
- Mi señor – respondió Otis -. Ya lo mandó a prisión y por la mañana será ejecutado a las afueras de la ciudad. Hizo lo correcto. Las fechorías de este hombre deben ser pagadas con muerte. Se lo merece por tanta crueldad. 
- Sí lo sé. Pero su mirada… su forma de hablar… el escupo… Este hombre es capaz de hacer cualquier cosa por escapar y cumplir su palabra. Mi vida corre peligro, y también la de mi familia… 
- No se amargue tanto mi señor. Ruegue a los dioses que le de sabiduría y protección para enfrentar esta situación. De todas formas, en mi humilde opinión, debería dejar custodiando la celda de Constantine durante toda la noche, para seguridad de usted, su familia, y de todos nosotros. 
- Tienes razón Otis – aseveró el emperador –. Manda a que custodien la celda toda la noche. Iré donde mi esposa y mi hija para ver que se encuentren bien. 

Dicho esto, Alejandro se va a su alcoba, mientras Constantine es encarcelado, a la espera de su ejecución por la mañana.

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Nota: recuerda que esta obra, compuesta de varios capítulos, tiene licencia y no puede ser plagiada. Más información en el apartado Licencia y condiciones de uso.
Nota: la imagen al principio de este escrito está tomada Guía de Grecia.
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2 comentarios:

  1. Impresionado amigo.
    Me gustó mucho el primer capítulo. Tiene un aire como al gladiador (la peli) pero está buena. Espero el 2do cap.

    Saludos viejo.

    ResponderEliminar
  2. Gracias Wladimir. No tengo mucha experiencia pero se hace lo que se puede. Y sí, tiene un aire a "Gladiador". Me inspiré en esa historia para construir esta.

    Saludos amigo.

    ResponderEliminar

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