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| Sí... otra vez... ellos: nuestros queridos choferes |
Hace aproximadamente cinco semanas estaba en el trabajo cuando la encargada de Servicio a Personas me indica que debo entregarle a la brevedad un certificado de afiliación a Fonasa. Al llegar a casa le consulté a mis padres por aquello, puesto que aun pertenezco a Isapre. Luego de hacer las averiguaciones correspondientes, me encontré con la sorpresa de que a fines de septiembre pasaría definitivamente de Isapre a Fonasa, por lo que recién en octubre podría entregar mi certificado en el trabajo.
Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con ir apretado como una sardina? En realidad nada. Pues que, al darme cuenta que me quedaban tan poquitos días como carga de mis padres, ellos me instaron a hacerme chequeos médicos antes de pasar a Fonasa, puesto que me saldría más barato. Pedí hora en el centro médico Megasalud (ubicado en Freire, entre Janequeo y Lautaro) y me citaron para un martes a las 3.35pm. Fui junto con un amigo y la doctora me pesó y me midió. Luego me pidió que me hiciera ciertos exámenes médicos, como muestras de sangre y un electrocardiograma. La cosa es que tenía que volver en ayunas el viernes, después de las 8 de la mañana.
Cómodamente en una Mini Hualpencillo
| En este paradero no paró la micro |
Di media vuelta y fui el primero en subir (jeje). Pagué mis 390 pesos y poco pude avanzar hacia adentro de la micro, puesto que ya venía llena. El chofer seguía metiendo gente a la micro, sabiendo que ya no cabía ninguna alma más dentro de ella. Cuando ya éramos como 30 pasajeros de pie, el chofer de la micro, línea 42 (Mini buses Hualpencillo), intentó cerrar la puerta. No les miento si les digo que estuvimos como 40 segundos tratando de que se cerrara la puerta hasta que, al final, se cerró. Comenzamos a avanzar por la avenida, y yo iba mirando justo hacia la Información al pasajero que está detrás del chofer, donde se indica la capacidad máxima de la micro: 25 personas sentadas y 20 de pie. "Esto es un chiste, no somos animales" - pensaba mientras la micro se detenía para tomar más pasajeros aun.
Lo que más me dio rabia es que el chofer gritaba hacia atrás, diciendo: "Por favor, avancen más atrás que queda más espacio". Yo, a duras penas, logré avanzar hasta la puerta trasera de la micro. Subieron unos 4 más y la micro siguió su recorrido. Al llegar a la Universidad Santa María, el chofer se disponía a abrir la puerta para que subieran más pasajeros. A estas alturas, los pasajeros ya estaban algo molestos. Comenzaron los chiflidos y uno grito: "¡¡No somos animales #$@&!!". Otro dijo: "Ya no cabe nadie más, ¿tanto necesitai la plata que querí que vayamos apretados?". El ambiente se puso más tenso cuando, al ver que por adelante no cabía nadie más, el chofer abrió la puerta de atrás (donde estaba yo) y subieron unas 5 personas más. La gente comenzaba a golpear el techo y las ventanas en señal de descontento. Yo me preocupaba más de buscar aire fresco, ya que estábamos todos medio ahogados dentro de esa micro.
Al llegar al Mall el bus quedó casi vacío. Mientras bajaban, algunos pasajeros increpaban al chofer y éste, como la mayoría de los choferes "capacitados" por la licitación, les respondía afectuosamente (entiéndase ese término como ironismo). Logré sentarme y, al mirar hacia atrás, me percato que había un caballero de los que se subieron por atrás sin pagar, cómodamente sentado. Y curiosamente, este sujeto se bajó conmigo en el mismo paradero. Es decir: no pagó su pasaje.
Me hice todos los exámenes y tomé la micro de vuelta, que venía casi vacía, puesto que eran pasada las 9 de la mañana.
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| ¿Una utopía? |
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| Con un auto así me conformo... ¿Para qué mas? :D (Tomado de link) |
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jajajjaja! buenas conclusiones! jajajja
ResponderSuprimirYass: Obviamente jajajaja :D
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